Olívia es una tarde lenta de julio, los viñedos verdes y el sol colándose entre sus hojas. El olor a mimbre, las sombras gustosas. La tierra áspera, el vaivén de las horas.

Isolda, son los colores neutros, la simplicidad de las formas, unos garabatos a lápiz blando sobre un papel de acuarela.

Virgínia, elegante y burdeos, envuelta en tercipelo. Huele a roble, sus dedos acarician con delicadez una copa antigua de vino.

Helena, amante de la sencilla elegancia de las líneas rectas, adora por igual las líneas curvas de su piel y de su cara.

Sol es alegre, vital, desprende luz y movimiento. Ama el sabor a sal de su piel después de zambullirse en el mar.

Tanit es una oda al Mediterráneo, sus olores, sus colores, sus gentes, sus creencias. Es algo ancestral; fiestas de solsticio, largas noches.

Mínim, solo lo imprescindible.